Quise comerme España a grandes mordidas…

Una llanta ponchada, 13 horas de vuelo, casi dos horas en el aeropuerto esperando para que ‘corroboraran mis huellas’ y una tos del carajo, ese fue el saldo que me dejó mi viaje por España, pero como bien dice el dicho, «lo bailado nadie me lo quita», aunque yo aclararía, «lo viajado nadie me lo quita».

Me debía tanto este viaje, no sólo por visitar a ‘La Madre Patria’, sino porque necesitaba un break de mi vida rutinaria, del trabajo extenuante, de la gente de Miami y de mis propios pensamientos.

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@BManjar

A mi regreso no pude evitar volver a escuchar a ese dúo de chicas españolas que de niña me acompañó por las calles de México y que casi 20 años después lo volví a escuchar en la terraza del hotel de Madrid donde me tomé una merecida cerveza.

«Amores de barra, y un lápiz de labios mal puesto en el baño, colirio en los ojos…», » Pero me cuesta tanto decirlo a la cara, ¿aguanto un poco más o lo echamos a suertes? ¿Por qué ya no es mi tipo, por qué no es lo de siempre?»… ese par de canciones de Ella Baila Sola me rondan en la cabeza como diciéndome que al fin me cumplí la promesa.

Es gracioso, por un momento no quería volver a la realidad, me sentí tan bien allá en las ‘europas’ que también mi abuelito me llegó a la memoria cuando me decía «mi ‘úropea'», refiriéndose siempre a que tenía ese tinte y  a que viajaría mucho. Tata, también te lo cumplí. 🙂

Fue un viaje maratónico. Primera parada, Madrid, la ciudad que hace siete años había visitado fugazmente incluso antes de saber que me mudaría a vivir fuera de México, mi México. En aquél entonces pensé: «yo podría vivir aquí», pero el miedo a estar lejos de mi familia me hizo aniquilar esa idea.

¿Y quién lo iba a decir? Casi año y medio después la vida me sorprendería con la propuesta de irme a trabajar a Miami y salir de mi zona de confort. Ahora, que ya llevo casi seis años fuera de mi país, vuelvo a Madrid y me regresa la idea de querer quedarme ahí.

El cansancio era mucho, pero las ganas de comerme España en una semana eran más. Al siguiente día tomaría el tren a Salamanca, algo que también me debía, pues quería visitar a mis amigos Jacobo y David, pero también, desde niña, soñaba con pegarme un viaje en tren, a donde fuera, con quien fuera y como fuera.

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La ciudad me enamoró, de día es pintoresca, como esos pueblitos mágicos mexicanos que tanto me gustaba visitar con mi mamá. De noche, el juego de luces ilumina de forma magistral todos sus monumentos, simplemente impresionante.

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@BManjar

Estaba embelesada con Salamanca, y de regreso en tren a Madrid, me volvieron esas ganas enormes de volver a escribir, así que tomé mi Samsung Galaxy S5 que aún sigo pagando y me lo consumí escribiendo. Ese fue el principio de varios textos que me provocó escribir durante mi corta estancia en este país.

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De vuelta a Madrid tuve sólo un día para devorarlo, lo hice, caminé por el Museo del Prado, La Puerta de Alcalá, El Jardín de los Recuerdos, La Fuente de las Cibeles, La Puerta del Sol y cada una de sus callecitas. Ufff, realmente me cansé, los pies me punzaban pero no me importó.

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Puerta de Alcalá, Madrid. @Bmanjar

Pero el viaje no acabaría ahí, era sólo el principio. El siguiente destino Barcelona, juraban que me iba a enamorar de esta ciudad, pero al llegar en el taxi, no lo hizo de primer momento, es más, me pareció estar por un segundo en La Roma de México, pero más caliente, limpia y tranquila.

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Tardé un poco en darle mi corazón, afortunadamente, Ximena, amiga de mi amiga Cristina, me buscó en el hotel y me dio un tour como una profesional, me contagió de su amor por esta ciudad, donde se respira todo el arte de Gaudí, donde se tiene que caminar para, paso a paso, caer rendido ante esta ciudad llena de contrastes entre lo cosmopolita, la playa, lo turístico, el arte y lo gótico.

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Lloret del Mar y Tossa del Mar fueron mis siguientes paradas, 2×1. A las 8 AM ya estaba caminando por las calles de Barcelona como una loca tratando de llegar en 20 minutos a la hora citada para coger el bus que nos llevaría a estas pequeñas ciudades. ¡Lo logré!

La primera parada fue Lloret, un pequeño pueblito playero, que según nos explicaron en el tour, se ha convertido en uno de los destinos turísticos más visitados por su cercanía con Barcelona.

A decir verdad, la playa no me gustó, su arena era gruesa y amarilla, pero la pequeña iglesia que visité me gustó mucho. Nos habían dado sólo 1.40 minutos para conocerlo, desayunar y regresar al punto de encuentro para tomar el barco que nos llevaría a nuestro siguiente destino.

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Al llegar el barco abordé y encontré un pequeño lugar al lado de una familia de italianos… demasiado escandalosos, tanto que acabé por irme a la punta del barco, al estilo ‘Rose’ del Titanic y desde ahí disfrutar de la brisa del Mar Mediterráneo.

Después de alimentar a unos peces, llegamos al fin a Tossa del Mar.

«Los que quieran quedarse la playa tienen tiempo libre, los que me quieran seguir a un recorrido por el castillo medieval, síganme», dijo el guía. Obviamente no me iba a perder conocer una ciudad medieval que sólo me he imaginado a través de los libros de historia pero sobre todo de las películas gringas.

Me sentí como dentro de mi propia película. Subimos por todo el castillo, la aldea y ni me pregunten de la historia que seguro la contó, pero de tanto que estaba maravillada lo olvidé todo.

Era la única que iba sola, por primera vez no me importó, es más, lo disfruté tanto, ir a mi ritmo, a mi modo, a mi antojo, caminando por donde me diera la gana y comiendo lo que me diera la gana.

De regreso a Barcelona, a conocer más la ciudad. La visita obligada: La Sagrada Familia. Voy a ser sincera, me gustó, pero no me enamoró. Soy amante desde niña de las iglesias, cada que viajo debo entrar a la iglesia que esté frente a mis ojos. Pero al entrar a este lugar me dio más la impresión de algo frío, con una estructura e historia impresionante, pero no me dio la nota de una iglesia. Quizá cuando esté terminada, no lo sé.

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La gran obra inconclusa de Antoni Gaudí, La Sagrada Familia, Barcelona. @BManjar

Lo que sí debo de reconocer es que Gaudi hizo un trabajo excelente, entregó toda su vida a esta iglesia y a Barcelona. Por eso tuve que visitar también el Parque Güell, ahí aproveché para darme unos cuantos minutos de selfie-diversión.

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El tiempo se agotaba y para ese entonces ya no tenía ganas de volver a mi realidad de este lado del mundo. Todo me encantaba, la gente, la comida, la sangría que abusé de ella al igual que la paella, el ritmo, la gente socializando.

Me di cuenta que vivimos en un mundo distinto, literal. Sentí que mientras de este lado trabajar es el fin, de aquél lado trabajar es el medio y ganan mucho menos que acá pero se ve que la pasan mejor, que tienen calidad de vida, que disfrutan los pequeños instantes de reposo y que el teléfono es un medio de comunicación, no el medio.

Pudiera pasarme toda una noche detallando cada minuto del viaje, pero seguro esto sólo me interesa a mi, lo que sí me queda es las ganas de volver a perderme una vez más en ese continente y de seguir escribiendo nuevamente, como me gusta, lo que me gusta y lo que me nace como este texto que es sólo el último de todos los demás que España me inspiró y motivó a hacer.

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