Se me fue el tren, ¿y qué?

Mi viaje en tren por España

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He perdido el tren, estaba destinada a abordar de la estación de Salamanca a las 6:50 am, pero no calculé bien el tiempo y al llegar a la estación sólo vi cómo éste iba avanzando mientras yo corría para tratar de alcanzarlo.

Intento fallido, obviamente. Aquí el tren sale a tiempo y no hay manera de hacer cambiar esta garantía.

«¿Pues qué querían, el tren sale a las menos diez», refunfuñaba una señora con su acento español, mientras vi cómo se hacia pequeño ese tren con destino a Madrid.

De inmediato compré el siguiente viaje que salía a las 7:30 am. Este me aseguré de no perderlo y lo abordé apenas lo anunciaron.

Durante el camino me he puesto a pensar que así como perdí este tren así he dejado pasar muchas cosas en mi vida, muchas oportunidades.

No sé, hasta ahora, si eso sea bueno o malo, pues hay un dicho popular que sustenta: «Las oportunidades pasan sólo una vez en tu vida, si las dejas ir las pierdes».

Seguro es verdad, nunca se te va a presentar la misma oportunidad dos veces, pero estoy segura que sí pueden llegar otras oportunidades, distintas y quizá mejores.

Durante mi recorrido de más de tres horas me ha entrado una paz absoluta. El reflejo de mi cara desde la ventanilla denota mi cansancio y mis ojeras lo poco que he dormido, no sólo por este viaje, sino por las preocupaciones que he ido acumulando a lo largo del tiempo.

No puedo evitar pensar que este viaje me lo debía desde hace más de cinco años. Que llevaba prometiéndome hacerlo desde hace dos años.

Y al fin en 2016 lo he hecho. Me he gastado casi todo mi sueldo en cumplir mi promesa. Claro, elegí el mes más caro para viajar, pero es el único que tengo libre entre tanto trabajo.

Cuando me pongo a pensar en esa palabra que acabo de escribir: trabajo, me vienen a la mente tantas cosas.

No puedo negar que gracias a mi trabajo también me he divertido mucho, me puedo mantener sola, y me he pagado este viaje. Pero tampoco puedo negar lo mucho que me ha absorbido al grado tal que he perdido mi vida.

Y ahora que vengo sentada aquí me he puesto a pensar que definitivamente necesito más calidad de vida.

Ayer lo noté mientras caminaba por las callejuelas de Salamanca. Aquí la vida pasa despacio, alegre, entre amigos que salen las tardes a tomar café, chocolate, cerveza o un simple helado.

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Claro, era domingo y yo estoy de vacaciones, pero hablando con mi amigo David, que tiene una profesión como la mía me quedé sorprendida, él trabaja cuatro horas a la semana y tiene derecho a un mes de descanso.

Los que trabajan más tiempo, por ejemplo, tienen dos horas y media en la tarde para comer y hacer la siesta.

Así es la vida en España, la gente descansa, tiene derecho a 30 días de vacaciones. En cambio, en el mundo agitado del cual vengo, la gente no trabaja para vivir, sino que vive para trabajar.

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Hace falta un poco de respiro, un poco de parar la vida para sentir lo que realmente es vivir.

¿A qué me refiero con esto? A que vivimos envueltos en las preocupaciones del día a día que pocas veces nos detenemos a contemplar las bondades que nos da la vida.

En mi camino hacia Madrid aprecié lentamente el amanecer. Allá por el este una luz intensa anaranjada comenzaba a asomarse en el horizonte.

He visto muchos amaneceres bellos, pero ninguno como este. Me transmitió paz, tranquilidad, me hizo sentir que estoy viva y disfrutando de la vida.

Y mientras veía cómo el paisaje se iluminaba con los rayos del sol, me puse a pensar: «esto precisamente es lo que quería hacer».                      

Desde pequeña tenía el sueño de pegarme un viaje en tren para contemplar el paisaje. Por poco no lo hago, pero me empeñé en llegar a Salamanca en tren.

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Parece que haber perdido el tren exprés valió la pena, tome el camino más largo y eso me han permitido ver el paisaje de la campiña española a profundidad.

He pasado por ríos, pueblos, he visto plantaciones de girasoles, trigo, casitas pequeñas que uno ve dibujadas en algún cuadro de una casa. Y me pongo a pensar, perdí un tren, pero valió la pena porque el paisaje que disfruté fue muy enriquecedor.

Entonces, ¿la vida te da más de una oportunidad? Quizá sí, quizá hay que saber cuál tren tomar y cuál dejar pasar…

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