En mi caminata hacia el Museo del Prado, (visita obligada para quienes van a Madrid) se respira un aire de alegría, de ganas de comerse a mordidas la historia que España nos ha heredado a las naciones latinoamericanas.
Para quienes tienen la oportunidad y el tiempo de hacer la enorme fila al museo, seguro es una experiencia exquisita.
Para quienes no pudimos, no hay porqué desanimarse, caminar por las calles de Madrid es arte puro, ver a los oriundos de este lugar también lo es.

Y así, perdida sin saber a dónde, refunfuñando por la enorme fila de tres vueltas que no quise hacer para entrar al Museo del Prado, seguí hacia arriba hasta toparme con el Parque del Retiro.

Bello sin duda, sus jardines y su arquitectura me hacen pensar que la cultura heredada de este país es una belleza, y no puedo dejar de pensar en que mi país, México es una copia fiel de España.
Al adentrarme al parque encontré en medio un pequeño lago, en el centro una impresionante escultura que invita a hacer una pausa y sentarse a contemplar el paisaje.

Vencida por el hambre y el cansancio decidí sentarme en una banca y comer el bocadillo llamado ‘el hornazo’ que me ha acompañado desde Salamanca y que me regaló mi amigo Jacobo la noche anterior.

En medio de mi paz, dos chicas españolas se sentaron a mi lado, un poco tímidas me preguntaron «¿disculpa, te importa si nos ponemos aquí al lado?».
Por supuesto dije no y de inmediato se instalaron, eran dos artistas callejeras.
Me hicieron pensar: «la vida te sorprende con pequeñas simplezas».
Me convertí en testigo mudo de su trabajo. Apenadas un poco por las miradas de la gente y sin quererlas ver a la cara, una sacó el chello mientras la otra, vestida totalmente de negro, se quitó los zapatos y se puso unas zapatillas de ballet para dar un espectáculo callejero delicioso, a pesar del calor implacable que retuvo el suelo.

La melodía comenzó a darle otro tono a este parque, donde la naturaleza, la arquitectura y el arte hicieron la perfecta combinación en una tarde de lunes en Madrid.
La música y las ganas de ganar dinero de este par de chicas me hicieron quedarme más de lo que esperaba, no quería irme y todo lo contrario, me inspiraron para volver a retomar esa pasión por escribir que se quedó en Mexico empacada y que salió algunas veces en Miami pero de manera tímida.
No pude evitar pensar, ¿dónde ha quedado el arte en Miami? En apariencia lo hay, pero parece forzado, presuntuoso, todo lo contrario a lo que respiré en este momento.
Y vuelvo a decir, en España el arte se respira en cada paso y descanso que uno da.
