Bajo la luna del barrio gótico de Barcelona, de frente a la catedral, una pareja de jóvenes se entregan al amor y al arte en la vía pública.
Un aro es su único instrumento con el que transmiten la pasión y el amor que sienten por lo que hacen. Son dos artistas callejeros, bailarines de la noche, que atraen a la gente con su espectáculo tan sencillo como mágico a la vez.
La ligereza de sus cuerpos se deja llevar por el ritmo de la música y los aplausos de la gente que sale a caminar por el barrio gótico de esta ciudad que te atrapa.
Son casi las 10 de la noche, en la explanada de la catedral turistas de distintos países usan las escaleras como asiento de primera fila para observar el acto de esta pareja que se nota, ha ensayado con mucha disciplina su número para poder recopilar uno que otro euro.
Pero más allá de su show, ambos irradian amor, compañerismo, de ese que sólo las parejas que se aman pueden vivir.
Ella, vestida con un traje rojo, él con pantalones marrones, sombrero y playera negra. Sus cuerpos poco a poco se van fundiendo dentro de ese aro mágico que es parte de su arte, ese que aman con pasión.
Aquellos movimientos atrapan, te hacen disfrutar de la noche en la bella Barcelona de otra manera. Es como si de pronto, el tiempo se detuviera, ellos, entregados a lo que hacen, los espectadores, pausados en el tiempo admirando cada paso, cada movimiento y cada truco que ese aro les ayuda a realizar.