Nunca dejes de ser turista en tu propia ciudad
Here I go… ‘trepada’ en un avión, de nueva cuenta, casi a punto de cumplir seis años en esta hipnotizante ciudad llamada Miami. Hoy me di cuenta que disfruto ese momento cuando se encienden los motores, el avión empieza a avanzar y comienza a sonar un ruido ensordecedor que es el indicativo de que vas a despegar.
Ese sonido tan peculiar, tan fuerte, es el que te pone en la realidad de que vas a elevarte a una nueva aventura, ya sea de negocios, de trabajo, de placer y hasta de dolor.
Así es cada viaje por esta vida, algunas veces se goza, otras duele en lo más profundo.
Mientras pienso eso, no puedo evitar ver ese espectáculo que me regala la naturaleza, disfrutar cómo uno se va adentrando en las nubes, cómo la ciudad donde vives se ve como una pequeña maqueta desde las alturas.
Miami, es mi casa, me la gané con lágrimas, mucho trabajo y mucho sacrificio. Y debo decir que hoy por primera vez después de seis años, me vuelvo a sentir como una turista sacando fotos de Brickell desde las alturas.
¡Que bello se ve! Es una mezcla entre lo urbano y lo tropical, el escenario lo crea perfectamente la combinación de un mar azul turquesa con los rascacielos que cada día se hacen más.

Por la ventana del avión miro SOBE, o South Beach para quienes no me entendieron. Es domingo, son las 9:30 de la mañana y muy poca gente está despierta a esta hora, se nota en la ciudad, pasiva, tranquila como el mar, descansando de la noche anterior de fiesta.
Mientras voy alejándome de Miami tomo la revista digital del avión, Nexos, para ser exacta, y me encuentro un artículo de siete ‘Malls’ para hacer shopping.
Ya saben, dicen que Miami = playa y shopping, yo digo que hay mil cosas más de esta ciudad por descubrir, pero mientras me doy cuenta que para aquellas ‘shopaholics’ esto es un paraíso.
De norte a sur, encuentro una lista de lugares para comprar con detalles de su arquitectura, de lo que venden y hasta de lo que se puede comer. Me llama la atención de inmediato (no es que sea ‘shopaholic’, pero es la tentación hecha tienda departamental).
En fin, cuadrando mi vista aérea de la ciudad con mi lectura, me doy cuenta que a seis años de vivir aquí en Miami, aún me quedan muchas cosas por hacer, muchas por conocer.
Debo decir que esta ciudad tiene su encanto y también su desencanto, pero por los últimos años juntos, debo de darle el beneficio de la duda, después de todo año con año me fue conquistando, me curó las heridas que traía, aunque me hizo otras tantas, me cobijó con un techo, amigos, familia adoptiva y un perro que es mi adoración.

Así que esta turista parece querer darle otra oportunidad a Miami, y reencantarse de la belleza de sus paisajes, del calor, de las calles, y hasta de los ‘malls’ sólo espero no quedar en banca rota después de tanto ‘turistear’.