«Uno de mis vicios más fuertes es el café, no lo puedo evitar. Me considero una buscadora insaciable de los mejores sabores de esta bebida (y sí, también una adicta a su sabor)».

En mi viaje de Miami a México a bordo de un avión de la aerolínea de Interjet (vuelo #2963), la noche se torna calmada sobre las nubes del cielo, esta vez no me pude dormir, no tengo audífonos para escuchar música, y lo único que me queda es escribir o leer.
Pues decidí comenzar a leer, tomé del asiento la revista Interjet edición #123 del mes de Febrero, me atraparon cuatro artículos de esta publicación. Y mientras mis ojos consumían aquellas letras, comenzaron a dar el servicio de cortesía.

La noche estaba perfecta para tomar un café. Lo pensé dos veces, la razón es porque en casi todas las aerolíneas en las que he viajado, no importa si son a México, a Estados Unidos o Europa, el café es malísimo.
Sin embargo, decidí arriesgarme. Le pedí a la señorita un café y tuve que esperar a que diera todo el servicio para que regresara con mi cafecito. La verdad, pensé que se le había olvidado, pero al cabo de cinco minutos un rico olor me hizo comprender que no se había olvidado.
Me sorprendió que oliera tan rico, y pensé: “¿será que este café sí es bueno?”.
Al recibirlo lo olí y me gustó, comencé a tomarle un par de fotos para registrarlas en mi Instagram y Snapchat, sólo por Millenial que soy.

Después de darle un sorbo, sinceramente superó mis expectativas, la verdad, sabía muy bien, contrario al sabor amargo y asqueroso que esperaba degustar, este cafecito me alegró la noche.
Lo más gracioso fue cuando al estar tomándole las fotos a mi vasito, le di la vuelta a éste y encontré las siguientes letras: Café Punta del Cielo.

Sin querer dar promoción o quedar bien con esta compañía, el Café Punta del Cielo es uno de los que más me gustaba cuando vivía en México.
Recuerdo que cuando salía del trabajo, en Reforma, me iba caminando a uno que estaba a unas cuantas cuadras a degustar una tacita de café y un buen chisme.
Ahora que vivo en Estados Unidos, constantemente extraño el buen café. Y sí, he caído en el consumismo de aquella famosa empresa de la sirena que no quiero nombrar, pero la verdad, siempre he dicho que hay mejores cafés y el de México es uno de los más deliciosos del mundo.
Al terminar mi cafecito, me reí sola, y pensé, qué adecuada asociación, un Café Punta del Cielo para disfrutar del paisaje de las nubes en el cielo, mientras uno viaja con destino a tu próxima aventura.