Hay algunos días en los que me gusta camuflarme en Miami. Sí, me encanta sentirme turista, volver a vivir esa sensación de la primera vez que llegué y caminé por Lincoln Road, una de las calles más famosas y turísticas de Miami Beach.
Hoy es un día de esos, decidí salir de mi escondite, ponerme unos shorts cortitos, zapatillas altas, blusa amarilla (muy primaveral) y salir acompañada de mi mejor date: mi perro Tom.

Al llegar a Lincoln Rd. estaba caminando con mucha seguridad con mi perrito al lado cuando el hambre se apoderó de mí, así que decidí parar en un restaurancito cubano, Havana 1957, que es uno de mis preferidos para venir a comer aquí.

La gente es amable, los meseros te tratan con familiaridad y ni qué decir del trato a Tom, se volvieron locos con él.
Tras comer una ropa vieja con arroz y frijoles, no pude resistirme a la oferta de la mesera que me preguntó desde lejos: «¿un cafecito?».
Por supuesto que acepté con la cabeza y le murmuré desde lejos» ¡un cortadito, por favor!».

Tan pronto llegó el café me concentré en los comensales de al lado mio, todos turistas.
Me di cuenta que Yo era la única local comiendo en este lugar.
Y de pronto me percaté que ha pasado ya tanto tiempo desde la primera vez que llegué como turista, que a veces uno se olvida de disfrutar de las cosas que tiene tan fácil y tan cerca.
Claro, esta avenida es cara, cuando uno va conociendo y familiarizándose con los lugares que son caros por ser turísticos, uno deja de ir, pero me pongo a pensar, ¿por qué no de vez en cuando salir y disfrutar del propio lugar donde vives como si fueras turista?
Aquí por ejemplo, la gente anda alegre, disfrutando del clima caliente (a pesar de la lluvia), de las tiendas y de un paseo por esta famosa avenida.

Muy contrario a lo que uno vive en el día a día envuelto en estrés, tráfico, cuentas por pagar y ‘N-mil’ cosas más que van enterrando ese sentimiento de foráneo que todos hemos tenido al llegar por primera vez a un lugar.
Vale la pena a veces consentirse, desconectarse de las preocupaciones diarias y simplemente sentarse a tomar un café, ver la gente pasar y ser uno más de ellos.
