Hay locos como yo por el mundo

No le puedo quitar la mirada al chico que va en la fila de enfrente del avión.  Desde que lo vi en el food court, algo de él me llamó la atención, tenía esa mirada de estar ahí pero no estar, un aire de chico soñador que observa, solitario, que se inspira de cada cosa que ocurre en cada milésima de segundo.

No me di cuenta que llevábamos el mismo rumbo. Y, después de abordar el avión de la línea Interjet con destino a la Ciudad de México, a medio viaje de pronto levanto la mirada, miro hacia la izquierda y una luz me llama la atención. Es la única luz encendida en este vuelo nocturno.

Era él, el mismo chico con quien me había topado en el aeropuerto de Miami. Tenía unas hojas blancas en la mesita y la pluma en mano. Su mirada estaba perdida hacia el horizonte, pensando.

Esa actitud pronto acaparó mi atención, no le pude quitar la mirada al menos por cinco minutos, y por mi mente pasó la idea de querer saber de qué estaba escribiendo.

Antes de abordar el avión llegué a la conclusión de que soy de esas locas que ama estar en los aeropuertos, concluí lo que dije una vez, «los aeropuertos son mi fuente de inspiración».

Justo cuando tomé mi asiento pensé en ponerme a escribir, por mi mente pasaron muchas cosas y me dio rabia no poderlas plasmar en ese momento, porque estaba en pleno despegue y habían apagado las luces. No quería importunar a alguien con mi incomoda lucecita. Y precisamente mientras pensaba enojada que ya se me había olvidado todo lo que pasó por mi mente escribir, esa luz atrae mi atención.

Este chico, de unos 25 ó 30 años, escribía sin parar en ese papel blanco, de pronto hacia una pausa, miraba hacia arriba, se llevaba la pluma a la boca y seguía su carrera.

Me sentí identificada, como si estuviera en un espejo, porque yo soy igual. Una vez que comienzo a escribir no puedo parar (como ahora) y me come las ansias por saber quė estaba escribiendo. 

¿Será poeta? ¿Será escritor? ¿Estará escribiendo un libro o una canción? No lo sé pero me animó a hacer lo mismo y escribir, dejar que las palabras fluyan en un texto, el mío digital, el de él escrito (a la antigüita).

Mientras escribo esto, de reojo lo miro, ha terminado un par de hojas y va por

 la siguiente, me atrapa su pasión por escribir y quisiera leer sus hojas, saber qué dicen.

No lo sabré seguramente, pero me queda el sabor de comprobar que hay más locos como yo por el mundo que disfrutan en cada vuelo subir al cielo de la escritura y dejar plasmadas aquellas letras producto de las musas que merodean los aeropuertos.

Hay más locos como yo en este mundo ….

✍🏼: 12/20/2016 

Deja un comentario