“Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche, ni de día”… Esas cuantas palabras son las únicas que recuerdo de la oración al Ángel de la Guarda. Crecemos con esa formación de encomendarnos a nuestro angelito de la guarda, pero al crecer, lo olvidamos.
Hace dos meses, mi amiga Cristina me envolvió con su relato de cómo se había reencontrado con los ángeles. Tras una plática muy larga y de contarme cómo poner a prueba a estos seres celestiales, ella se volvió creyente… a mí, me quedaron ciertas dudas, aunque soy una mujer de fe.
Pero de pronto, la vida, Dios, el Universo o lo que en uno crea te da una revolcada que se convierte en una tormenta y a veces hasta en un huracán. De pronto, de la nada, la vida se te mueve y necesitas sentir que hay algo más a lo que te encomiendas.
Yo siempre he creído en Dios, pero a los pobres angelitos los dejé en el olvido total. Pero cuando mi fe flaqueó, la angustia creció y el miedo casi me paraliza, algo ocurrió de pronto.
Y ahí, sentada en el hospital, con el peor miedo que pude haber sentido en mi vida al saber que por primera vez mi mamá entraría a un quirófano, estos seres se aparecieron, sin esperarlo, sin saberlo, sin imaginar de la forma en cómo se manifestarían.
Estábamos en un hospital, el mejor de la región, donde sobran pacientes, faltan camas y el personal no es suficiente. La cama era la 511 y podría jurar que en las seis noches que me quedé en él, no paraba de llegar gente.
Pero de pronto, mi mamá y yo nos quedamos solas horas antes de la operación. El cuarto, por una o por otra causa, incluso la muerte, se fue quedando vacío hasta quedar solo nosotras dos, en medio de nuestros nervios y de nuestro miedo.
Fue en ese momento, cuando yo me sentía más intranquila que nunca, y mi mamá también, que de pronto, dos señoras de edad avanzada, vestidas de blanco y con un crucifijo en el pecho se pararon en el umbral de la puerta y nos preguntaron: “¿son de aquí?”.
La pregunta nos llamó la atención y contestamos que sí. Ellas dieron un paso hacia adelante y se nos acercaron hasta la cama y dijeron: “venimos ayudando a personas que no son de aquí, tenemos un refugio cerca de las Torres de Satélite”.
Su amabilidad fue tal que les hicimos la plática y ellas no paraban de sonreír. Hasta que una de ellas le preguntó a mi mamá: “¿Es tu hija?”. Ella contestó, “sí, es mi hija”.
Se sorprendieron de la juventud de mi mamá y le continuaron preguntando: “¿cuándo se va de alta?”. Mi mamá contestó: “hoy me operan, estamos esperando a que me bajen a quirófano”.
La otra señora entonces se dirigió a mi y me preguntó: “¿Y tú te vas a quedar aquí solita?”. Yo respondí con un sí, que ahí estaría hasta que mi mamá saliera de su operación.
Las dos nos preguntaron, primero a mi mamá que si tenía esposo y luego a mi que si tenía más hermanos. Obviamente ambas respuestas fueron negativas.
Entonces, una de ellas se sorprendió aún más y de su bolso sacó un pequeño librito y me lo dio, me dijo: “toma, para que no te quedes sola”. La otra le siguió y me dio una hoja blanca.
Al revisarlas, eran un libro de oraciones y una hoja con una oración que decía “Conversación de Jesus”.
Les di las gracias y puedo jurar que al momento que esas señoras salieron de la habitación, sentí mucha paz y la fuerza para poder tener valor de acompañar a mi mamá hasta la entrada del quirófano sin llorar.
Si eso no es la manifestación de un ángel, entonces yo no sé qué es.
Aquí la oración:
“Conversación de Jesus” – Converse 9 días con Jesús.
Jesus mío, en ti deposito toda mi confianza
Tú sabes todo, Padre y Señor del Universo.
Eres el Rey de los Reyes
Tú que hiciste al paralítico caminar,
Al muerto vivir y a los leprosos sanar,
Tú que ves mi angustia y mis lágrimas
Bien Sabes Divino Amigo,
¡Cómo necesito alcanzar de ti esta gracia!
(se pide la gracia con Fé)
Mi conversación contigo me llena de ánimo y alegría
espero con fé y confianza
Haz divino amigo Jesus que antes de terminar esta conversación
que tendré contigo durante 9 días,
alcance esta gracia que te pido con mucha fe.
En agradecimiento mandaré imprimir 100 oraciones para que otros
necesitados de ti aprendan a tener confianza en tu misericordia
Dejare la oración e la iglesia para divulgarla,
ilumina mis pasos, así como el sol ilumina todos los dias el amanecer
y atestigua nuestra conversación
Jesucristo, mi confianza en tí aumenta cada vez más
Y mi Fé también.
No pretendo hacer una cadena de esto, simplemente quise compartir mi experiencia de lo que sentí y con esto abrir mi blog que por años varios amigos me han recomendado. Escribo siempre para mi, lo guardo para mi, pero esta vez quise compartirlo y explotar esta pasión por las letras que me da vida y que me da de comer.

Frieeeend, qué bonitas letras. Siempre he dicho que escribes increíble. Ya tienes tu blog, seré tu fan.
«Los ángeles están en todas partes, sólo que hay que aprender a verlos, no con los ojos sino con el corazón».
My friend, tú no te quedas atrás escribiendo 🙂