Regresar a tus raíces… En casa de los abuelos

Dios, cómo duele el paso del tiempo. Daría todo lo poco que tengo y he construido por regresar 10 años atrás y volver a vivír aquellos momentos que hoy, sólo son un bello recuerdo que me arruga el corazón.

En este viaje a México, a mi casa, nada es igual aunque todo parezca estar como cuando vivía aquí.

La gente ha envejecido, otros se han ido, los niños ya crecieron y aun así, parece que aquí hay algo que todavía tiene ese mismo aire del pasado.

El primer día me despertó el cantar del gallo, la luz intensa del sol en la ventana, el olor a pueblo combinado con ruido de ciudad. Me asomé a la ventana como lo hacía todas las mañanas, al fondo, el mismo cerro de siempre, más poblado, lleno de viejos recuerdos.

Estaba negada a salir a la calle a caminar, me tomó dos días salir de mi escondite, ¿por qué? No lo sé, quizá miedo a enfrentar el presente y el futuro recordando el pasado.

Mi mamá quería subir a casa de sus papás, decidí acompañarla. Respiré profundo y comenzamos a caminar.

Paso a paso fui recorriendo aquellas calles que me vieron crecer de niña. Tomamos el mismo rumbo de siempre, aquél que teníamos cuando íbamos a visitar a los abuelos.

Pasé por la tiendita de la esquina, me cansé en poco tiempo, me he desacostumbrado a caminar y ahora ese camino que era mi recorrido diario me fatiga.

Subimos por las escaleras de Mar de China (así se llama la calle) y de nuevo, los recuerdos llegaron a mi mente. Las casas siguen iguales, las escaleras también, aún conservan los tubos que yo agarraba como juego en donde me ponía de cabeza colgando de los pies.

Pasamos por el número 12, donde vivía la comadre de mi mamá, donde prácticamente pasé la mitad de mi infancia jugando.

De subida, una empinada, me hacía detenerme a tomar aire. Al fin llegamos a la Avenida Océano Pacífico y caminando por la entrada de los edificios miré hacia la casa de los abuelos. 

Afuera había cuatro toallas tendidas, mi mente me hizo una mala jugada, me recordó cuando mi abuelita muy temprano tendía sus toallas al sol para que se secaran… Lamentablemente estas toallas eran de la vecina.

Al entrar a la casa, el número 3 del edificio 4B la mente me volvió a traicionar, mi mirada se dirigió al comedor, ahí había una bolsa de arroz con guisado y una Coca cola que mi mamá había olvidado el día anterior.

De pronto mis ojos miraron a la izquierda, sobre la pared aún estaba ese reloj rojo en el que mis «tatas» miraban la hora y me esperaban impacientes para comer.

Era justo la hora de la comida, y no pude evitar echarme a llorar apenas cerré la puerta de la entrada.

 Desde hace cuatro años ellos se marcharon y mi tío hace exactamente un año, ahí, en ese mismo departamento.

Los recuerdos invadieron mi mente, la hora de la comida era siempre mi momento esperado para llegar con ellos y comer, arroz, sopita, pechuga y frijoles que siempre dejaba.

Mi mamá no supo qué hacer, sé que para ella ha sido mas difícil que para mí, pero es que yo no he tenido el tiempo de dejarlos ir, de estar más de 15 minutos en esa casa.

Hoy lo hice, en medio de unas lágrimas que no pude detener seguí hacia la sala, me senté a llorar en el sillón de mi Tata, recordando todos esos momentos que pasamos juntos, todos esos momentos que daría lo que fuera por volver a vivir.

Tomé 15 minutos en el sillón y seguí al cuarto, al entrar sentí un vacío. Encontré la tarjeta que en noviembre de 2011 le envíe a mi Tata de mi primera visita a Nueva York: «siempre estás en mi mente y mi corazón», decía una parte del mensaje.

Eso no ha cambiado, a pesar de su partida, él esta siempre en mi mente y mi corazón cada minuto de mi vida.

Al echar un vistazo empecé a ver que ellos, mis abuelos, siempre estaban presentes en mi mente en cada viaje que yo tenía. En la casa había postales, recuerdos, cajitas de madera que siempre le llevaba a mi abuelita de los lugares que conocía.

Ellos sabían que viajar era mi pasión, y se emocionaban en cada aventura que emprendía, ahora, me acompañan desde el cielo en mis viajes.

Las lágrimas no paraban, son tantos recuerdos, tantas vivencias de mi infancia y adolescencia que el corazón se me arrugó.

Por mi mente pasaron esos días cuando mi abuelito prendía su radio y escuchábamos juntos canciones de Carlos Gardel, Julio Jaramillo, Frank Sinatra, y otros tantos cantantes viejos que no recuerdo.

Fue como volver al pasado, entender o más bien recordar de dónde vengo y quién soy. 

Regresar a los orígenes con la añoranza de volver a vivir aquellos recuerdos que me hicieron tan feliz y fueron los cimientos de lo que ahora he logrado.

Quien se haya ido de casa y aun más, quien se haya ido de su país seguro me entinde. Volver a casa de los abuelos, ver todo igual que como lo dejaste, pero sabiendo que el paso del tiempo ya dejó su huella.

Tocó tomar una bocanada profunda de aire, secarse las lágrimas, desarrugar el corazón y dar una oración por ellos que se fueron, pero que siguen vivos en mi corazón.

Regresé a mis orígenes con cada paso que di hacia esa casa y daría todo por regresar el tiempo y volver a la hora de la comida a comer con mis abuelos y mi tío.🙏

Desde aquí se veía la casa de los abuelos.

Un comentario en “Regresar a tus raíces… En casa de los abuelos

  1. Los abuelos, personas con historia que hacen la vida de sus nietos maravillosa.

    Personitas que con sus risas, y apapachos nos alegraron los días. Y que consentidotas nos daban. 😃

    En esa foto también se ve el edificio donde vivía mi abuelita!!! En Golfo de Pechora. Recordar es volver a vivir!!!

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